
Por Mauricio Aristizábal Mora
La presión antes de competir no siempre es negativa. En muchos casos aparece porque el resultado importa, porque existe una expectativa o porque la persona quiere demostrar todo el trabajo que ha realizado.
El problema comienza cuando esa presión ocupa toda la atención. En lugar de centrarse en la tarea, el deportista empieza a pensar constantemente en el resultado, en lo que puede salir mal o en lo que pensarán los demás.
Reconocer qué está ocurriendo
El primer paso consiste en identificar cómo se manifiesta la presión. Puede aparecer en forma de pensamientos repetitivos, tensión muscular, dificultad para dormir, irritabilidad o problemas para mantener la concentración.
Reconocer estas señales permite dejar de interpretarlas automáticamente como una prueba de que algo va mal.
Volver a lo que puedes controlar
Antes de una competición existen muchos elementos que no dependen directamente del deportista. El resultado, la actuación del rival o las decisiones externas no pueden controlarse completamente.
La atención puede volver a aspectos más concretos:
La preparación previa.
La respiración.
Las instrucciones tácticas.
Las primeras acciones de la competición.
La forma de responder después de un error.
Crear una rutina previa
Una rutina ayuda a reducir la cantidad de decisiones que hay que tomar antes de competir. Puede incluir horarios, calentamiento, alimentación, música, respiración o una breve revisión de los objetivos de la jornada.
La rutina no elimina los nervios, pero aporta una estructura conocida dentro de una situación exigente.
Cambiar la relación con los nervios
Sentir nervios no significa estar mal preparado. En muchas ocasiones es una respuesta normal del cuerpo ante una situación importante.
El objetivo no siempre debe ser eliminar completamente la activación, sino aprender a competir con ella y utilizarla de una manera más funcional.
Entrenar también la respuesta mental
La gestión de la presión no se trabaja únicamente el día de la competición. Se entrena en las sesiones, en los entrenamientos, después de los errores y en la forma de interpretar las situaciones exigentes.
La preparación mental permite desarrollar herramientas adaptadas al contexto, al deporte y a las necesidades de cada persona.
Psicología deportiva y alto rendimiento
Por Mauricio Aristizábal Mora